Trabajar ya no va solo de sentarse delante de una pantalla (o de pelearse por una sala libre). Va de coordinar personas, espacios y tiempo en un entorno híbrido donde todo cambia rápido. Y es que, entre reuniones interminables, agendas imposibles y oficinas que a veces parecen un Tetris mal resuelto, el trabajo moderno necesita algo más que buenas intenciones. Necesita inteligencia. Inteligencia artificial, para ser exactos.
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