En los últimos años, hemos visto cómo la inteligencia artificial ha pasado de ser una herramienta de apoyo, capaz de redactar textos o responder correos, a convertirse en un agente activo dentro de las organizaciones. Estos nuevos agentes de IA no solo entienden lo que les pedimos, sino que también pueden actuar directamente sobre los sistemas empresariales, como si fueran un empleado más.
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